La caída de Evo Morales y los secretos que quedaron en sombras
El presagio del inesperado desenlace surgió de los labriegos de Omasuyos, quienes, desvinculándose del movimiento oficialista, proclamaron que la escalada de precios eclipsaba la relevancia de una nueva candidatura de Evo Morales y declinaron unirse a la manifestación convocada.
La policía, distanciándose del evismo, rehusó garantizar la protección al líder cocalero, limitándose a ofrecer un chaleco antibalas como precaución.
El ejército se hizo eco del gesto policial y se mantuvo al margen, condicionando su intervención a órdenes explícitas emanadas por autoridades nacionales.
Desde El Alto, las juntas vecinales comunicaron su neutralidad; permitirían el paso de la marcha pero denunciaban el ínfimo pago recibido por los participantes frente al aumento generalizado de precios.
Ante estos augurios adversos, Evo Morales intuyó el fracaso inminente y abandonó la marcha el miércoles. Sin embargo, sus seguidores le exigieron retornar desde Oruro para retomar lo que había comenzado.
Andrónico Rodríguez acompañó a Morales en su retirada pero no volvió; reapareció únicamente para ser capturado en una fotografía simbólica.
En los albores de la protesta llegaron rumores sobre acusaciones pendientes contra Morales relacionadas con narcotráfico; inicialmente ignorados hasta que estalló el escándalo involucrando a Tania Judith Nina Yapura y su vehículo.
Luego vino el golpe estratégico del gobierno: difundieron rumores entre ciertos partidarios doblecaras sobre una posible renuncia del presidente Luis Arce Catacora y su vicepresidente. La trampa estaba tendida: argumentaban problemas con créditos ambientales para forzar la renuncia. Evo picó el anzuelo y dispuso todas sus fuerzas para su regreso histórico. Ya se veía a sí mismo triunfador en las elecciones adelantadas para enero.
La marcha, por unos minutos, se volvió triunfal.
Pero a medida que se acercaba a la ciudad de La Paz, las señales eran contrarias a lo previsto. No se sumaban todos los que habían comprometido su asistencia. En El Alto se prepararon los cinturones de bienvenida, pero poco a poco la marcha perdió su fuerza y no llegaron nunca los refuerzos de los cuatro puntos cardinales; muchos de los marchistas se quedaron en el camino para solucionar asuntos personales. No llegaron las guirnaldas ni las salvas de bienvenida.
Ya a medio día, el TSE le comunicó que de nada servía su marcha y que Evo seguiría inhabilitado.
Antes de su discurso, le avisaron a Evo que en respuesta a su solicitud de habilitar su candidatura, el TSJ había dispuesto notificar a EEUU la detención preventiva de Maximiliano Dávila para su extradición. Evo comprendió que entre su círculo más cercano de fieles había traidores y que todo lo que tenía pensado decir en su discurso ya no tenía sentido. El mejor lugar donde debería estar en ese momento era junto a sus pescaditos, que nunca lo abandonan.